Creando Redes Europeas en la Arqueología Profesional: días que marcaron un antes y un después.

Manifiesto Europeo por la Arqueología Preventiva y su Reconocimiento Profesional
  • Del 24 al 27 de septiembre de 2025 se han celebrado las Jornadas “Creando Redes Europeas en la Arqueología Profesional”. Por primera vez en la historia, el Museo Arqueológico Nacional de España (MAN) acogía unas jornadas donde se hablaba únicamente de las condiciones, profesionales, laborales y sociales de la arqueología preventiva en Europa. En estos días se ha dado el colofón de un proyecto iniciado en 2024 con un objetivo tan ambicioso como necesario: articular una red de colaboración entre los arqueólogos y arqueólogas preventivos de la Unión Europea, reforzar su reconocimiento social y laboral, y avanzar hacia una regulación estable de la profesión.

    El 24 de septiembre se celebró en el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid una reunión previa con carácter técnico entre las diferentes asociaciones europeas que han participado. El objetivo era dar las últimas pinceladas del texto básico ya consensuado del Manifiesto Europeo por la Arqueología Preventiva y su Reconocimiento Profesional

    Los días 25 y 26 de septiembre en el MAN supusieron un momento culminante, tras meses de reuniones técnicas y de trabajo conjunto. Se hablaron temas ya conocidos pero que aún no cuentan con un abordaje desde el colectivo y desde las instituciones: precariedad, desconexión institucional, falta de reconocimiento legal y social. El encuentro, además, tenía un valor simbólico añadido: reunir bajo un mismo techo a representantes de asociaciones profesionales de España, Portugal, Francia, Italia y Alemania, con la mirada puesta en dar un salto hacia Europa.


    El primer día: un diagnóstico compartido.

    El jueves 25 de septiembre se inauguró la jornada con unas palabras de bienvenida de Isabel Izquierdo, directora del MAN, junto a representantes de la PEPA. Se subrayó desde el principio que estas jornadas no eran un punto de partida, sino un punto de llegada: el cierre de un proyecto que había recorrido varias ciudades y que había ido tejiendo una red de conversaciones, diagnósticos y propuestas.

    El primer gran bloque, titulado “Arqueología Preventiva-Administración-Universidad: necesidades del sector”, puso sobre la mesa una cuestión que resonaría durante todo el encuentro: la desconexión entre quienes investigan, quienes gestionan y quienes trabajan en el terreno.

    • Desde la administración, Marta Arcos y Pablo Garrido destacaron la dificultad de armonizar criterios en un país con competencias descentralizadas y normativas diversas.
    • Desde la universidad, Jaime Almansa y Pilar Diarte señalaron que la investigación académica necesita dialogar más con la práctica profesional, y que la arqueología preventiva es un espacio privilegiado para ello.
    • Desde la profesión, la PEPA recalcó que la arqueología preventiva no puede seguir siendo percibida como un trabajo “menor”, subordinado a la investigación académica o a la gestión burocrática, cuando en realidad sostiene buena parte del conocimiento arqueológico actual.

    El debate fue vivo: se habló de la falta de coordinación, de los retrasos que generan trámites administrativos confusos y de la necesidad de crear canales estables de comunicación entre instituciones. La conclusión compartida fue clara: sin un marco que conecte universidad, administración y profesionales, la arqueología seguirá fragmentada.

    Tras la pausa, la conversación giró hacia un asunto aún más delicado: los derechos laborales de los trabajadores de la arqueología preventiva. Intervinieron asesores de los ministerios de Trabajo, Inclusión y Cultura, que explicaron los pasos dados en la implementación del Estatuto del Artista en España y las posibilidades de extender su lógica a nivel europeo. El mensaje fue esperanzador: existen herramientas legales para mejorar las condiciones de arqueólogos y arqueólogas, pero para que tengan efecto es necesario que la profesión esté organizada, reconocida y visibilizada.

    La tarde trajo consigo un panel inspirador: “Reconocimiento profesional: ¿cómo lo han conseguido?”. Las representantes de otros sectores culturales —restauradoras, traductoras, ilustradoras, artistas escénicos— contaron en primera persona el largo camino recorrido hasta lograr que el Estado reconociera su actividad mediante un epígrafe específico en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE). Ese reconocimiento, explicaron, no es solo un formalismo: abre la puerta a estadísticas oficiales, acceso a ayudas, cobertura en materia de salud laboral y un marco más estable para las carreras profesionales. La lección era evidente: la regulación llega cuando los colectivos se organizan y presionan de forma sostenida.


    El segundo día: compromisos y construcción europea.

    El viernes 26 arrancó con una sesión clave: “Hacia el reconocimiento profesional. Próxima parada: el Plan Nacional de Arqueología”. En la mesa participaron representantes de varias comunidades autónomas, que detallaron sus marcos normativos, las figuras habilitadas para intervenir en patrimonio y los problemas prácticos de coordinación. La fragmentación territorial apareció como un obstáculo recurrente, pero también como una oportunidad: el Plan Nacional puede servir de paraguas común para armonizar criterios y garantizar que el acceso a la profesión no dependa de arbitrariedades locales.

    Pero el gran momento llegó a media mañana. Bajo el título “Hacia una red europea de Arqueología Profesional”, se celebró la firma del Manifiesto por la Arqueología Profesional en Europa. La escena fue sobria, pero cargada de simbolismo: representantes de la PEPA (España), FEMAP (Francia), CIA (Italia), STARQ (Portugal) y CIfA Deutschland rubricaron el documento que da vida a la Red Europea de Arqueología Preventiva.

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      Las intervenciones que acompañaron la firma fueron breves, pero contundentes. Se habló de precariedad compartida —porque la arqueología preventiva sufre condiciones similares en todos los países—, de la necesidad de aprender de los avances ajenos y de la convicción de que solo una voz común podrá situar la arqueología en la agenda cultural y política europea. Como señaló uno de los ponentes: “Nuestros problemas no terminan en la frontera, y nuestras soluciones tampoco deberían hacerlo”.

      La tarde se cerró con un diálogo entre Xavier Roigé y Eva Moraga que sirvió de reflexión de conjunto. Roigé compartió las conclusiones del proyecto europeo CHARTER, que ha diagnosticado la enorme dispersión del sector patrimonial en Europa y la urgencia de reforzar competencias comunes. Moraga, por su parte, explicó los avances logrados con el Estatuto del Artista y cómo este puede servir de referencia para los arqueólogos. Ambos coincidieron en que sin marcos laborales sólidos, el patrimonio cultural no se protege de manera efectiva, porque quienes lo custodian carecen de estabilidad y reconocimiento.


      El tercer día: abrir la arqueología a la ciudadanía

      El sábado 27 cambió el tono de las jornadas. Las sesiones técnicas dejaron paso a “Arqueología en familia”, una propuesta pensada para que niños y adultos se acerquen a la disciplina desde la curiosidad y la experiencia práctica. Los talleres —desde convertirse en “detectives del pasado” en un laboratorio hasta experimentar con la escritura antigua en tablillas de barro y plumas de ave— generaron un ambiente participativo y cercano.

      Más allá del aspecto lúdico, la jornada tuvo un mensaje claro: la arqueología preventiva no es solo un asunto de especialistas, sino una herramienta para conectar a la sociedad con su patrimonio. Al abrir el MAN a las familias, se tendió un puente directo entre profesionales y ciudadanía, recordando que la legitimidad de la disciplina depende también de su capacidad de involucrar a la gente en el cuidado de su pasado.

      La mejor defensa de nuestra profesión no la harán los profesionales sino aquellas personas que aprendan a amar la arqueología y lo que supone para su conocimiento y su identidad. Somos conscientes de esa necesidad y por eso hemos aprovechado este proyecto y la última jornada para acercarnos a la sociedad una vez más y aunque sea de una forma modesta.


      Una conclusión inevitable

      Al término de las jornadas, quedó claro que la arqueología profesional europea atraviesa un momento decisivo. Los problemas son bien conocidos —precariedad, fragmentación, falta de regulación—, pero también lo es la voluntad de enfrentarlos de manera colectiva. La creación de la Red Europea de Arqueología Preventiva es, en este sentido, mucho más que un gesto simbólico: es una herramienta que puede transformar diagnósticos en estrategias, experiencias aisladas en políticas compartidas, y precariedad en reconocimiento.

      El Museo Arqueológico Nacional fue testigo de un momento histórico. Ahora, como subrayaron varios participantes, comienza lo más difícil: convertir el manifiesto en acciones concretas que dignifiquen la profesión y la acerquen a la sociedad.

      1 comentario en “Creando Redes Europeas en la Arqueología Profesional: días que marcaron un antes y un después.”

      1. espero que se consiga por medio de la unidad del sector, cosa que he comprobado difícil por lo menos aquí en Reino Unido, que la profesión se dignifique y los arqueólogos tengan una vida digna felicidades por vuestra labor

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